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NUESTROS VETERANOS PROFESORES

(Manuel Olleros)

 

Sexto de Bachillerato y Preuniversitario fueron cursos muy divertidos. Todos los compañeros de la clase  “E”, que habíamos escogido el Bachillerato de  Letras, éramos unos jóvenes eufóricos y optimistas que contrastábamos mucho con algunos profesores como los PP. Cobos y Medina, así como los P.P. De Juan y Vallarino, ya mayores. Todos ellos imponían su autoridad fácilmente y eran muy amenos en sus explicaciones en las asignaturas de Latín, Historia, Historia del Arte y Literatura. Cada uno de ellos tenía unos métodos pedagógicos diferentes y opuestos entre sí. El P. Cobos nos hacía aprender de memoria párrafos enteros de La Eneida, que teníamos que recitar en la pizarra, delante de todos, los entendiésemos o no. Algún que otro alumno con mucha “cara” (Armijo) escribía el texto en la palma de la mano y simulando actuar lo leía con mucho énfasis. El P. Medina, en cambio nos examinaba de Historia con decenas de preguntas cortas que había que responder escuetamente. ¿Dónde nació Carlos V? Respuesta: En Gante. Mal. Hay que poner sólo Gante. El P. De Juan, todo él finura y elegancia, disfrutaba explicándonos Historia del Arte con diapositivas. Era un clásico su análisis de los Primitivos Flamencos. El P. Vallarino nos enseñaba  Literatura y era sutilmente moralizante, sobre todo cuando analizábamos el D. Juan de Gregorio Marañón. “El varón perfecto es estrictamente monogámico”, decía.

El más peculiar era el P. Cobos. Todavía conservo su texto de “Literatura Universal”. Un compendio estupendo de toda la literatura hasta los años 60, con opiniones muy suyas sobre los autores modernos,  hoy día políticamente incorrectas. El P. Cobos tenía un aspecto frágil y caminaba por los “tránsitos“ del Colegio, como un sonámbulo, abstraído en sus pensamientos. Su pasión eran ¡Los Toros!, pero su última corrida la había presenciado en los años 20, antes de entrar en la Compañía de Jesús, seguramente uno de los sacrificios, y no el más pequeño para él, que tuvo que hacer para ingresar en la vida religiosa. No obstante tenía una gran cultura sobre la materia. En una ocasión comenzó a explicarnos la “suerte de matar”, que desde entonces he comprendido. El  torero puede hacerlo  “recibiendo”, es decir, esperando a que el toro acometa, “al encuentro”, cuando torero y toro se mueven y se encuentran, y “al volapié”, el toro se queda quieto y el torero se aproxima con el estoque. Pues bien el P. Cobos puso tanto ardor al representar el volapié, que pisó su sotana y desde la tarima se estrelló contra la puerta de la clase. Tuvimos que recogerle del improvisado albero pero afortunadamente no se mató.

Una o dos veces durante el curso el P. Cobos perdía los nervios ante cualquier pequeño murmullo y  saltaba desde su mesa, dando bofetadas a diestro y siniestro, pero sin hacer daño dadas sus escasas fuerzas y eligiendo a alguna “víctima” de buena constitución física como Caravantes, que recibía la “paliza” muerto de risa, al tiempo que nos gritaba: imbéciles, comunistas, maricas….

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