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La marca de los cuatro (Carlos San Román)

Segundo, tercero de Bachiller, Colegio casi nuevo, pérdida de referentes familiares, incertidumbre, cierto estupor. Algo complejo para un niño de doce, trece años que aún se apoyaba en todos y todo excepto en sí mismo para sobrevivir el día a día.

“La marca de los cuatro” un invento de alguno de nuestros educadores que habían observado que uno de sus encargos (recordad: “bajo tu manto sagrado mi madre aquí me dejó”) no se acercaba con la frecuencia establecida (quién sabe cuál era aquella frecuencia) a recibir la comunión. El asunto consistía en formar un “club” que recibiría cualquier nombre atractivo, en este caso “La marca de los cuatro”, entre cuyas normas estaba la de acercarse a comulgar dos o tres veces por semana, no recuerdo cuantas.

Los miembros de aquel club casi secreto, Carlos, Emilio, Javier y Tano cumplieron sus compromisos de grupo y se llevó a buen puerto el objetivo que había iniciado el proceso. Pero no fue éste el final, los amigos siguieron siendo amigos y discurrían juntos nuevas formas para profundizar su amistad y desarrollar su asociación de intenciones.

En tal instante surge un nuevo elemento que en vez de distraer o disturbar lo ya establecido se comporta como uno más de la “banda” sin saber siquiera que ésta ya está establecida y que es difícil que abra sus puertas a uno más. Y plantea, sin saberlo, a sus amigos la espinosa tesitura de ampliar a “La marca de los cinco” o desplazar a uno de los fundadores para que “el nuevo” ocupe su lugar.

Lo recuerdo sonriendo como un acontecimiento afortunado y casi milagroso; uno de los protagonistas se retira y deja paso a este ajeno e inédito Carlos reafirmándose entonces la nueva “Marca de los cuatro” a la que, os aseguro, nunca he dejado de pertenecer a pesar de que el tiempo dibujó nuevos caminos para cada uno de nosotros y, como sucede casi siempre, caminos divergentes y alejados.

Conservo el abecedario secreto que debía servir como código clave para nuestras transmisiones exclusivas y cada vez que lo redescubro entre mis tesoros más antiguos revivo sentimientos de niño que pretende, a pesar de todo, no haber crecido demasiado.

 

Carlos Mª San Román Terán

Mayo, 2015